
Lima, 13 de agosto de 2026.- El verdadero legado de la minería no debe limitarse a la ejecución de inversiones o programas sociales, sino a contribuir a que los territorios desarrollen capacidades que les permitan continuar avanzando de manera autónoma y sostenible, afirmó Jimena Sologuren, copresidenta del Encuentro Internacional de Gestión Social y Sostenibilidad (GESS 2026).
En declaraciones a Infobae Perú, Sologuren señaló que la gestión social debe enfocarse en generar oportunidades, fortalecer capacidades locales y construir relaciones de confianza que permitan que los beneficios asociados a la actividad minera trasciendan la presencia de los propios proyectos.
“El mejor legado que puede dejar un proyecto es una comunidad con más herramientas para seguir construyendo su propio desarrollo”, sostuvo.
En ese sentido, remarcó que el éxito de una intervención social no debería medirse únicamente por el monto invertido, el número de talleres realizados o la cantidad de beneficiarios alcanzados, sino principalmente por los cambios concretos generados en la calidad de vida de las personas y por las capacidades que permanecen instaladas en el territorio.
“Cuando hablamos de legado, hablamos de pensar desde el inicio qué va a permanecer cuando el proyecto llegue a su fin”, indicó.
Territorios con mayor autonomía
Sologuren sostuvo que uno de los principales retos para el sector es contribuir al fortalecimiento institucional sin reemplazar las responsabilidades que corresponden al Estado. Para ello, las empresas pueden compartir conocimiento, promover alianzas y acompañar a autoridades y organizaciones locales en el desarrollo de mayores capacidades de gestión.
“El éxito no es que un territorio dependa cada vez más de la empresa minera, sino todo lo contrario: que fortalezca sus propias capacidades, diversifique su economía y pueda seguir desarrollándose con autonomía”, manifestó.
La copresidenta de GESS 2026 recordó que la minería genera importantes recursos para el país. Solo durante 2025, la actividad transfirió más de S/10.045 millones al presupuesto nacional mediante canon, regalías y otros conceptos, mientras que al cierre de mayo de 2026 las transferencias superaban los S/4.000 millones.
Sin embargo, sostuvo que el principal desafío es lograr que dichos recursos se traduzcan oportunamente en mejores servicios públicos e infraestructura para la población.
“El verdadero desafío es que esos recursos se conviertan oportunamente en agua, saneamiento, salud, educación e infraestructura”, afirmó.
Confianza y diálogo temprano
Sologuren también destacó que la construcción de confianza requiere transparencia, escucha activa, diálogo permanente y cumplimiento de los compromisos asumidos por los diferentes actores.
“La confianza se construye con coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos, con transparencia, diálogo permanente, escucha activa y, sobre todo, cumpliendo los compromisos asumidos”, señaló.
Estas condiciones adquieren especial relevancia en un país que cuenta con una cartera de inversión minera superior a los US$64 mil millones, distribuida en 66 proyectos en 19 departamentos, pero que al mismo tiempo enfrenta importantes desafíos sociales en los territorios.
Para Sologuren, avanzar hacia una minería sostenible requiere que Estado, empresas, academia, sociedad civil y comunidades trabajen de manera articulada, poniendo a las personas en el centro de las decisiones y entendiendo que el crecimiento económico, por sí solo, no garantiza el desarrollo.
Finalmente, destacó la importancia de incorporar a la academia y a las nuevas generaciones en este proceso, tanto por su capacidad de generar conocimiento como por su papel en la innovación y la sostenibilidad.
“No podremos construir el futuro de nuestros territorios sin escuchar a quienes vivirán y liderarán ese futuro”, concluyó.